Un pecado mal obrado. Ha sido un plan perfectamente maquinado, inevitablemente fallado. Se contaba con el insomnio, se tenía la bulimia, ya casi llegaba la demencia. El cargamento de drogas esperaba atrás, morfina y heroína. El espejo quebrado, 37 ojos lo miraban. La puerta trabada, el teléfono ahogado. En la televisión las farándulas y en la radio alaridos lo suficientemente fuertes como para ser oídos. Desde un rincón alumbraban tres velas, el tic tac del reloj se pronunciaba y gemía, fuerte como un huracán, volviendo los segundos dolorosas agujas que se clavaban en sus ojos. La carta esperaba en el buzón, la carga en el cartucho, Smith en su mano izquierda, una foto en su mano derecha y él en medio de la sala. Su cuerpo dibujaba una decrépita silueta, esquelética y pálida, simplemente asquerosa, había regado a su alrededor todas las fotos, todos los recuerdos sucios, gastados, dolorosos, pesados, inútiles, ridículos, torpes, bañados en la espesa sangre que caía de sus manos, justo lo que necesitaba. Miró la fotografía, quería sentir por última vez el dolor en su pecho, giro la ruleta y empezó el juego... clic...
Bite
Hace 7 años

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