Habían pasado tres años y yo seguía metido en este hoyo de mala muerte que durante un tiempo a esos infelices les gusto llamar hogar. Hace tres años su sangre logró, casi que por obra de un mago, escabullirse por cada rincón habido entre estos muros, incluso a mi boca, donde me lograron tanta repugnancia que la cordura se tuvo que ver obligada a recoger sus harapos e irse donde la locura no le pudiera encontrar, detrás de su ida se hizo inminente la llegada de la desesperación y la confusión, pudieron las dos ganar cada vez más poder, desterrando a la ilusión y esperanza.
Hace dos años su sangre todavía la podía sentir fresca, gotas caían del techo con el único fin de no dejarme olvidar sus pecados, para recordarme que la cuenta no estaba saldada. Por éste tiempo la oscuridad ya había arribado, con tanta grandeza que la luz murió en lo que duró uno de mis breves suspiros desalentados que últimamente se veían seguidos de mil voces de mujeres sin sentido, de desapariciones de olvidos, de notas pegadas en el refrigerador diciendo que estaba vacío.
Hace un año esa sangre seguía fluyendo, la escuchaba correr por la alcantarilla, sonaba tras las diez mil voces cuerdas que me pedían caminar por el techo y mil sin sentido que me querían llevar al olvido. El olor putrefacto de los cadáveres de las alegrías, carroñados por las negras rabias, empezaba a inundar la ya insoportable oscuridad, y acá, incluso la soledad me había dejado cuando en los charcos sentía el torpe golpe de la cordura volver, para inevitablemente morir.
Hoy, pasados tres años, bañado en sangre, maniático, alterado y desconcertado, ciego de mantener olvidos, sordo de tantas voces, hundido en la oscuridad, ahogado en infectos pensamientos, rodeado de rabia y tan solo como soledad, sofoco los últimos deseos en mi sangre, mato el dolor con el mismo dolor.
Bite
Hace 7 años
